31.1.07
Como una espina
Tengo un verso atravesado aquí dentro. Como si fuera una espina de pescado en la garganta. Hasta me duele.
12.1.07
Sonrojo
Llegó el correo anunciando que el día había llegado. "Los esperamos de 9:00 a 15:00 hrs". Miró el reloj: 9:01 am. Decidió ir en ese momento, antes de que el tropel de ansiosos individuos saturara la entrada de la enfermería.
Presuroso cruzó una puerta, luego otra. Cuando llegó, había ya varias personas esperando. "¿Duele?", "¿y te pesan?", "no pasa nada, hombre", "me da miedo","yo mejor me voy". Eran las frases que escuchaba al rededor de él. Sintió un ligero mareo pero se forzó a mantenerse incolumne. "No es nada del otro mundo, por el amor de Dios. Ni modo que qué o qué" se decía a la vez que se recargaba en la pared, buscando un soporte en la espera.
Cuando llegó su turno, entró y llenó el formulario. El médico, con esos ojos escrutadores que le había visto ya en otras ocasiones, lo pesó, lo midió y le dijo que pasara detrás de la cortina. "¿Me tendré que quitar los pantalones, o sólo con descubrir la parte es suficiente?" preguntó. El médico lo miró sonriente con su instrumento en la mano. El sintió que las orejas se le ponían calientes, y cómo las mejillas le seguían cuando el médico soltó una suave risita. "Es en el brazo", dijo.
Rojo como tomate, se arremangó la camisa y miró hacia otro lado cuando la aguja atravesó la carne.
Presuroso cruzó una puerta, luego otra. Cuando llegó, había ya varias personas esperando. "¿Duele?", "¿y te pesan?", "no pasa nada, hombre", "me da miedo","yo mejor me voy". Eran las frases que escuchaba al rededor de él. Sintió un ligero mareo pero se forzó a mantenerse incolumne. "No es nada del otro mundo, por el amor de Dios. Ni modo que qué o qué" se decía a la vez que se recargaba en la pared, buscando un soporte en la espera.
Cuando llegó su turno, entró y llenó el formulario. El médico, con esos ojos escrutadores que le había visto ya en otras ocasiones, lo pesó, lo midió y le dijo que pasara detrás de la cortina. "¿Me tendré que quitar los pantalones, o sólo con descubrir la parte es suficiente?" preguntó. El médico lo miró sonriente con su instrumento en la mano. El sintió que las orejas se le ponían calientes, y cómo las mejillas le seguían cuando el médico soltó una suave risita. "Es en el brazo", dijo.
Rojo como tomate, se arremangó la camisa y miró hacia otro lado cuando la aguja atravesó la carne.
1.1.07
New year
Estaba dispuesta a esperar el año nuevo: había comprado las famosísimas 12 uvas (sin semilla, claro está… ¿cómo puede intentar comerse 12 uvas campanada tras campanada si está tratando de quitar las semillas que ocasionan ese gusto tan extraño, producido por los taninos?), una botella de vino tinto, helado de nuez de macadamia (delicioso), jamón Serrano, queso holandés, pan… lo necesario y más para una velada hermosa.
Tuvo hambre aproximadamente a las 10 pm, así que preparó su cena de fin de año, y comenzó a degustarla mientras veía una película. Sirvió una copa de vino, y tuvo a bien ser rellenada por la botella varias veces. Dirigió sus pasos al refrigerador y tomó el helado, un postre perfecto para las despedidas: de tan dulce, hace que te olvides de lo que puede ser malo. Y cucharada tras cucharada, los minutos transcurrían entre veloces y remolones provocando que el fin de otro período llegara.
El reloj marcaba las 11:30 pm. Un poco más y este año de grandes cambios terminaría. “¿Qué irá a pasar en el siguiente?” se preguntaba. ¿Alcanzaría sus nuevas metas? ¿Vencería los retos autoimpuestos? ¿Sus deseos pedidos a la hora de las 12 uvas se verían cumplidos?
Y entre el vino y la concentración, entre la luz mortecina de la television y la satisfacción del estómago repleto, no pudo evitar quedarse dormida. Cuando abrió los ojos, ya era el primer día del año nuevo. 7:23 am.
Con las preguntas todavía en su cabeza, además de una ligera resaca, se levantó para desayunar las 12 uvas que habían quedado pendientes.
Tuvo hambre aproximadamente a las 10 pm, así que preparó su cena de fin de año, y comenzó a degustarla mientras veía una película. Sirvió una copa de vino, y tuvo a bien ser rellenada por la botella varias veces. Dirigió sus pasos al refrigerador y tomó el helado, un postre perfecto para las despedidas: de tan dulce, hace que te olvides de lo que puede ser malo. Y cucharada tras cucharada, los minutos transcurrían entre veloces y remolones provocando que el fin de otro período llegara.
El reloj marcaba las 11:30 pm. Un poco más y este año de grandes cambios terminaría. “¿Qué irá a pasar en el siguiente?” se preguntaba. ¿Alcanzaría sus nuevas metas? ¿Vencería los retos autoimpuestos? ¿Sus deseos pedidos a la hora de las 12 uvas se verían cumplidos?
Y entre el vino y la concentración, entre la luz mortecina de la television y la satisfacción del estómago repleto, no pudo evitar quedarse dormida. Cuando abrió los ojos, ya era el primer día del año nuevo. 7:23 am.
Con las preguntas todavía en su cabeza, además de una ligera resaca, se levantó para desayunar las 12 uvas que habían quedado pendientes.