28.8.06
Coca Cola en Argentina
27.8.06

En Carlos Paz, Argentina... cerca de Córdoba. Es un pueblo de veraneo. Aquí estuve la mayor parte del sábado. El día estuvo bellísimo: había sol, pero no quemaba, el viento soplaba y era un poco frío y resultó que había un río en el pueblo. La quietud reinaba en el ambiente y pensé que bien podría vivir un par de meses ahí, escribiendo.
Cuántas cosas que traen quietud a mi corazón ni siquiera extraño hasta que estoy frente a ellas! Estar cerca del agua (el mar, un río, un lago) me encanta.
22.8.06
A los 29
Se encontraba sentada en el lobby del hotel. Las personas de alrededor charlaban, alguien arrancaba unas notas al piano y ella escuchaba plácidamente mientras esperaba su bebida. Se dejó vagar a través de la melodía, y pensaba en esa frase que tanto se había repetido a sí misma: "Me receto tiempo, abstinencia, soledad". ¿Qué más abstinencia y soledad pueden haber, que encontrarse en un país lejano, a miles de kilómetros del lugar de origen y sin nadie compartiendo la habitación?
"¿Qué no era precisamente esto lo que buscabas?" decía la voz que todo lo cuestiona. "Sí. Pero es tan extraño... el tener tiempo para pensar en mi, en lo que hago o puedo llegar a hacer, en el cómo voy a desarrollar mis planes llega a ser un poco abrumador. Es como salir a la luz después de haber estado guardada en una caja completamente cerrada y oscura. La luz es linda, pero al principio lastima".
El haber modificado su vida de esta forma la tenía en un estado de shock. Un tipo de entumecimiento mental y sensitivo difícil de explicar. Ahí estaba: respiraba, veía, pensaba, apenas dormía. Sin embargo, sabía que debía salir de ese agujero, y estaba segura de que lo haría, aunque no tenía ni idea de cuánto tiempo le tomaría.
"¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. "
Si eso se podía hacer en una semana, en dos podría perder un amor y encontrar otro. El amor que ella buscaba es del tipo huidizo, dada la sarta de tonterías que tiene uno a bien aprender a lo largo de la vida. Por qué los romanos no inventaron al Cupido que lance flechas flamíferas con el destino en el mismo punto que el origen? Tenía que aprender a quererse, y esperaba que el empezar a estas alturas no afectase el resultado final.
Aprender a quererse... a los 29.
"¿Qué no era precisamente esto lo que buscabas?" decía la voz que todo lo cuestiona. "Sí. Pero es tan extraño... el tener tiempo para pensar en mi, en lo que hago o puedo llegar a hacer, en el cómo voy a desarrollar mis planes llega a ser un poco abrumador. Es como salir a la luz después de haber estado guardada en una caja completamente cerrada y oscura. La luz es linda, pero al principio lastima".
El haber modificado su vida de esta forma la tenía en un estado de shock. Un tipo de entumecimiento mental y sensitivo difícil de explicar. Ahí estaba: respiraba, veía, pensaba, apenas dormía. Sin embargo, sabía que debía salir de ese agujero, y estaba segura de que lo haría, aunque no tenía ni idea de cuánto tiempo le tomaría.
"¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. "
Si eso se podía hacer en una semana, en dos podría perder un amor y encontrar otro. El amor que ella buscaba es del tipo huidizo, dada la sarta de tonterías que tiene uno a bien aprender a lo largo de la vida. Por qué los romanos no inventaron al Cupido que lance flechas flamíferas con el destino en el mismo punto que el origen? Tenía que aprender a quererse, y esperaba que el empezar a estas alturas no afectase el resultado final.
Aprender a quererse... a los 29.
21.8.06
Feliz cumpleaños
16.8.06
Mi novio embalsamador
Mi novio es embalsamador. Siempre que viene a platicar en la noche me cuenta cómo le saca las tripas y el corazón a los cadáveres. No sé si lo hace porque sabe que, a pesar de que una parte de mi lo encuentra repugnante, me causa una morbosa fascinación, o porque nunca hace algo más interesante. Y cada noche que viene le agarro las manos y se las huelo para ver si no le quedó algo que se me pueda pegar si me toca. Pero siempre huelen al perfume que le regalé.
A veces, cuando mis papás se van con mis tíos en la noche, nos metemos a mi cuarto para estar más juntos. Y siempre jugamos a lo mismo: me quito la ropa y me acuesto en el escritorio que está en el cuarto, y me quedo quietecita tratando de respirar lo menos posible, y él hace como que me abre la panza con un cuchillo y me escarba adentro para sacarme todo lo que hay. A veces siento cosquillas, y de vez en cuando abro un ojo para ver en qué va. Y él siempre me descubre y me dice -mientras termina de cerrarme la abierta con hilo y aguja imaginarios-: "los muertos no abren los ojos", y entonces tengo que cerrarlos otra vez y quedarme sin moverme. Cuando termina de "acicalarme" me pasa sus dedos por todas partes, acariciándome muy despacio, como si estuviera dormida y no quisiera despertarme; después de un rato su mano repasa mi lugar secreto y es cuando más me cuesta estar sin hacer ni decir nada. No sé cómo le hace para adivinar el momento en que yo estoy a punto de gritar, pero justo entonces me jala de las piernas hasta que mis nalgas quedan al borde del escritorio y con una fuerza increíble arremete hasta el fondo y yo siento cómo los huesos de su cadera también me penetran, y yo me tengo que morder los cachetes por dentro para no agarrarlo y arañarlo, o siquiera soltar un suspiro.
Cuando acaba, se va al baño y ya puedo moverme y aventar eso que me estuvo lastimando en las costillas y que no tuve tiempo de quitar antes de acostarme. Me visto y lo alcanzo en la sala, donde ya está la tele prendida con las noticias. Luego en cinco minutos llegan mis papás y él se despide. Siempre estamos con el tiempo justo.
Una vez le pregunté por qué hacímos aquello, y me dijo que era una forma de cumplir su fantasía: siempre ha querido montarse a una muerta, pero no lo hace porque tiene miedo de que luego venga el espíritu y se lo coja a él. Pobre pendejo, como si a los espíritus les importara lo que pasa con el cuerpo. Si así fuera, no dejarían que los gusanos se lo comieran.
A veces, cuando mis papás se van con mis tíos en la noche, nos metemos a mi cuarto para estar más juntos. Y siempre jugamos a lo mismo: me quito la ropa y me acuesto en el escritorio que está en el cuarto, y me quedo quietecita tratando de respirar lo menos posible, y él hace como que me abre la panza con un cuchillo y me escarba adentro para sacarme todo lo que hay. A veces siento cosquillas, y de vez en cuando abro un ojo para ver en qué va. Y él siempre me descubre y me dice -mientras termina de cerrarme la abierta con hilo y aguja imaginarios-: "los muertos no abren los ojos", y entonces tengo que cerrarlos otra vez y quedarme sin moverme. Cuando termina de "acicalarme" me pasa sus dedos por todas partes, acariciándome muy despacio, como si estuviera dormida y no quisiera despertarme; después de un rato su mano repasa mi lugar secreto y es cuando más me cuesta estar sin hacer ni decir nada. No sé cómo le hace para adivinar el momento en que yo estoy a punto de gritar, pero justo entonces me jala de las piernas hasta que mis nalgas quedan al borde del escritorio y con una fuerza increíble arremete hasta el fondo y yo siento cómo los huesos de su cadera también me penetran, y yo me tengo que morder los cachetes por dentro para no agarrarlo y arañarlo, o siquiera soltar un suspiro.
Cuando acaba, se va al baño y ya puedo moverme y aventar eso que me estuvo lastimando en las costillas y que no tuve tiempo de quitar antes de acostarme. Me visto y lo alcanzo en la sala, donde ya está la tele prendida con las noticias. Luego en cinco minutos llegan mis papás y él se despide. Siempre estamos con el tiempo justo.
Una vez le pregunté por qué hacímos aquello, y me dijo que era una forma de cumplir su fantasía: siempre ha querido montarse a una muerta, pero no lo hace porque tiene miedo de que luego venga el espíritu y se lo coja a él. Pobre pendejo, como si a los espíritus les importara lo que pasa con el cuerpo. Si así fuera, no dejarían que los gusanos se lo comieran.
14.8.06
Bloqueo
Ya son considerables las ocasiones en que llego a esta pantalla de "Crear entrada", y me quedo con los dedos inmóviles. De repente me entran unas ganas locas de escribir, me conecto, acceso a mi espacio y * paf * los dedos tiesos, la mente en blanco.
Quizá se deba a mi nueva condición. En este momento me pregunto cuánto tiempo me tomará acostumbrame a mi cama nueva, mi vivienda nueva, mi tetera nueva, mi vida nueva. Es extraño el que, habiendo deseado tanto algo, no sepa qué hacer con ese "algo" ahora que lo tengo.
Si, yo ya sabía que soy rara.
Quizá se deba a mi nueva condición. En este momento me pregunto cuánto tiempo me tomará acostumbrame a mi cama nueva, mi vivienda nueva, mi tetera nueva, mi vida nueva. Es extraño el que, habiendo deseado tanto algo, no sepa qué hacer con ese "algo" ahora que lo tengo.
Si, yo ya sabía que soy rara.
1.8.06
Calles mojadas
Últimamente ha llovido mucho en esta ciudad. Conducir cuando está lloviendo no es de las experiencias que catalogaría como "sumamente excitantes", ya que los accidentes ocurren cada 5 metros y el tráfico se pone muy pesado.
Antes, muy antes, los días lluviosos en general me ponían triste. Si las nubes ocultaban el sol y decidían soltar su carga líquida, mi corazón automáticamente adoptaba el "modo acuoso" y desterraba las pocas o muchas alegrías que hubiera en mi vida en ese momento.
Ahora las cosas han cambiado un poco. Los días lluviosos me gustan porque me llenan de paz y me hacen sentir esperanza. Extraño? quizá, mas últimamente busco ilusiones debajo de cada zapato, y si una secuencia de gotas de agua cayendo verticalmente (en el sentido del cielo al suelo) logra traer sosiego a mi alma errante y meditabunda, la acepto gustosa y dejo que el calor que genera mi sonrisa interior conforte a los engranes biológicos que no dejan de girar en mi cerebro.
Es tan bello conducir en las calles mojadas, cuando es noche y los autos inconscientes que forman el tráfico histérico se han replegado cada uno a sus respectivas guaridas! Ir avanzando sin prisas, con las ventanillas abajo y el frío colandose por debajo de las ropas para tocar la piel escondida. Aspirar el aroma del asfalto mojado, de la hierba y la tierra húmedas, observar el mundo que está delante de ti a través de un parabrisas lleno de pequeños arcoiris creados solo para uno y cantar un poco de:
"Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana"
Ah, bendita lluvia abrupta que limpias mi corazón. Tú y Sabina arreglan hasta el ánimo más desgastado.
Antes, muy antes, los días lluviosos en general me ponían triste. Si las nubes ocultaban el sol y decidían soltar su carga líquida, mi corazón automáticamente adoptaba el "modo acuoso" y desterraba las pocas o muchas alegrías que hubiera en mi vida en ese momento.
Ahora las cosas han cambiado un poco. Los días lluviosos me gustan porque me llenan de paz y me hacen sentir esperanza. Extraño? quizá, mas últimamente busco ilusiones debajo de cada zapato, y si una secuencia de gotas de agua cayendo verticalmente (en el sentido del cielo al suelo) logra traer sosiego a mi alma errante y meditabunda, la acepto gustosa y dejo que el calor que genera mi sonrisa interior conforte a los engranes biológicos que no dejan de girar en mi cerebro.
Es tan bello conducir en las calles mojadas, cuando es noche y los autos inconscientes que forman el tráfico histérico se han replegado cada uno a sus respectivas guaridas! Ir avanzando sin prisas, con las ventanillas abajo y el frío colandose por debajo de las ropas para tocar la piel escondida. Aspirar el aroma del asfalto mojado, de la hierba y la tierra húmedas, observar el mundo que está delante de ti a través de un parabrisas lleno de pequeños arcoiris creados solo para uno y cantar un poco de:
"Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana"
Ah, bendita lluvia abrupta que limpias mi corazón. Tú y Sabina arreglan hasta el ánimo más desgastado.

