1.8.06
Calles mojadas
Últimamente ha llovido mucho en esta ciudad. Conducir cuando está lloviendo no es de las experiencias que catalogaría como "sumamente excitantes", ya que los accidentes ocurren cada 5 metros y el tráfico se pone muy pesado.
Antes, muy antes, los días lluviosos en general me ponían triste. Si las nubes ocultaban el sol y decidían soltar su carga líquida, mi corazón automáticamente adoptaba el "modo acuoso" y desterraba las pocas o muchas alegrías que hubiera en mi vida en ese momento.
Ahora las cosas han cambiado un poco. Los días lluviosos me gustan porque me llenan de paz y me hacen sentir esperanza. Extraño? quizá, mas últimamente busco ilusiones debajo de cada zapato, y si una secuencia de gotas de agua cayendo verticalmente (en el sentido del cielo al suelo) logra traer sosiego a mi alma errante y meditabunda, la acepto gustosa y dejo que el calor que genera mi sonrisa interior conforte a los engranes biológicos que no dejan de girar en mi cerebro.
Es tan bello conducir en las calles mojadas, cuando es noche y los autos inconscientes que forman el tráfico histérico se han replegado cada uno a sus respectivas guaridas! Ir avanzando sin prisas, con las ventanillas abajo y el frío colandose por debajo de las ropas para tocar la piel escondida. Aspirar el aroma del asfalto mojado, de la hierba y la tierra húmedas, observar el mundo que está delante de ti a través de un parabrisas lleno de pequeños arcoiris creados solo para uno y cantar un poco de:
"Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana"
Ah, bendita lluvia abrupta que limpias mi corazón. Tú y Sabina arreglan hasta el ánimo más desgastado.
Antes, muy antes, los días lluviosos en general me ponían triste. Si las nubes ocultaban el sol y decidían soltar su carga líquida, mi corazón automáticamente adoptaba el "modo acuoso" y desterraba las pocas o muchas alegrías que hubiera en mi vida en ese momento.
Ahora las cosas han cambiado un poco. Los días lluviosos me gustan porque me llenan de paz y me hacen sentir esperanza. Extraño? quizá, mas últimamente busco ilusiones debajo de cada zapato, y si una secuencia de gotas de agua cayendo verticalmente (en el sentido del cielo al suelo) logra traer sosiego a mi alma errante y meditabunda, la acepto gustosa y dejo que el calor que genera mi sonrisa interior conforte a los engranes biológicos que no dejan de girar en mi cerebro.
Es tan bello conducir en las calles mojadas, cuando es noche y los autos inconscientes que forman el tráfico histérico se han replegado cada uno a sus respectivas guaridas! Ir avanzando sin prisas, con las ventanillas abajo y el frío colandose por debajo de las ropas para tocar la piel escondida. Aspirar el aroma del asfalto mojado, de la hierba y la tierra húmedas, observar el mundo que está delante de ti a través de un parabrisas lleno de pequeños arcoiris creados solo para uno y cantar un poco de:
"Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana"
Ah, bendita lluvia abrupta que limpias mi corazón. Tú y Sabina arreglan hasta el ánimo más desgastado.