12.1.07
Sonrojo
Llegó el correo anunciando que el día había llegado. "Los esperamos de 9:00 a 15:00 hrs". Miró el reloj: 9:01 am. Decidió ir en ese momento, antes de que el tropel de ansiosos individuos saturara la entrada de la enfermería.
Presuroso cruzó una puerta, luego otra. Cuando llegó, había ya varias personas esperando. "¿Duele?", "¿y te pesan?", "no pasa nada, hombre", "me da miedo","yo mejor me voy". Eran las frases que escuchaba al rededor de él. Sintió un ligero mareo pero se forzó a mantenerse incolumne. "No es nada del otro mundo, por el amor de Dios. Ni modo que qué o qué" se decía a la vez que se recargaba en la pared, buscando un soporte en la espera.
Cuando llegó su turno, entró y llenó el formulario. El médico, con esos ojos escrutadores que le había visto ya en otras ocasiones, lo pesó, lo midió y le dijo que pasara detrás de la cortina. "¿Me tendré que quitar los pantalones, o sólo con descubrir la parte es suficiente?" preguntó. El médico lo miró sonriente con su instrumento en la mano. El sintió que las orejas se le ponían calientes, y cómo las mejillas le seguían cuando el médico soltó una suave risita. "Es en el brazo", dijo.
Rojo como tomate, se arremangó la camisa y miró hacia otro lado cuando la aguja atravesó la carne.
Presuroso cruzó una puerta, luego otra. Cuando llegó, había ya varias personas esperando. "¿Duele?", "¿y te pesan?", "no pasa nada, hombre", "me da miedo","yo mejor me voy". Eran las frases que escuchaba al rededor de él. Sintió un ligero mareo pero se forzó a mantenerse incolumne. "No es nada del otro mundo, por el amor de Dios. Ni modo que qué o qué" se decía a la vez que se recargaba en la pared, buscando un soporte en la espera.
Cuando llegó su turno, entró y llenó el formulario. El médico, con esos ojos escrutadores que le había visto ya en otras ocasiones, lo pesó, lo midió y le dijo que pasara detrás de la cortina. "¿Me tendré que quitar los pantalones, o sólo con descubrir la parte es suficiente?" preguntó. El médico lo miró sonriente con su instrumento en la mano. El sintió que las orejas se le ponían calientes, y cómo las mejillas le seguían cuando el médico soltó una suave risita. "Es en el brazo", dijo.
Rojo como tomate, se arremangó la camisa y miró hacia otro lado cuando la aguja atravesó la carne.