10.2.06
Leyenda
Los ojos sabios del anciano estaban dirigidos al rostro fresco de la joven, y su boca con arrugas se movía diciendo:
"Fueron dos pequeños dioses de barro. Uno tomó un poco de su costado izquierdo y otro poco de su pie, lo comprimió hasta que quedó como uno de sus puños y diciendo 'corazón' lo dejó en el pecho de la otra.
La otra tomó barro de sus manos y otro poco de su sexo, lo diluyó con saliva y lo depositó en la cabeza del uno diciendo 'idea'"
El viejo se levantó con el garbo que dan los años y mientras daba unos pasos su voz tembló como sus piernas:
"De ahí nació el hombre que piensa y la mujer que siente"
Ella se acercó, le dió un beso en la mejilla y tomando su mano se dirigió a él:
"Aun así te quiero igual. La señorita Sentimiento agradece la historia al Señor Pensamiento. Me voy, pero regreso temprano a preparar la cena"
Al dar la vuelta, su vestido de flores amarillas emitió una ligera brisa, y con un alegre portazo, el viejo se quedó solo.
"Fueron dos pequeños dioses de barro. Uno tomó un poco de su costado izquierdo y otro poco de su pie, lo comprimió hasta que quedó como uno de sus puños y diciendo 'corazón' lo dejó en el pecho de la otra.
La otra tomó barro de sus manos y otro poco de su sexo, lo diluyó con saliva y lo depositó en la cabeza del uno diciendo 'idea'"
El viejo se levantó con el garbo que dan los años y mientras daba unos pasos su voz tembló como sus piernas:
"De ahí nació el hombre que piensa y la mujer que siente"
Ella se acercó, le dió un beso en la mejilla y tomando su mano se dirigió a él:
"Aun así te quiero igual. La señorita Sentimiento agradece la historia al Señor Pensamiento. Me voy, pero regreso temprano a preparar la cena"
Al dar la vuelta, su vestido de flores amarillas emitió una ligera brisa, y con un alegre portazo, el viejo se quedó solo.