7.6.06

 

Visiones oníricas

Miro por el espejo retrovisor y la veo. Ella esta ahí, en el auto atrás del mío, cantando con sus gafas de sol puestas. Un movimiento en el asiento de al lado, que alcanzo a percibir por el rabillo del ojo, me provoca un sobresalto. Según recuerdo, estaba solo. Pero ahora ella no está en el auto de atrás, sino sentada aquí, conmigo. Lleva puesto un hermoso kimono rojo, con estampado de flores blancas, y la parte inferior en color negro. En su regazo hay un abanico, rojo también, y ya no lleva las gafas. Su vista está fija al frente, como inmersa en sus pensamientos. "Esto no puede estar pasando" me digo. Estiro mi mano y alcanzo su mejilla, que acaricio con los dedos; entonces ella voltea y me sonríe. Un pequeño mareo me ataca, y mi pulso comienza a acelerarse. Deslizo mi mano desde la mejilla hasta su pecho, rozando apenas la piel del cuello que alcanza a asomarse bajo la ropa, y observo cómo cierra sus ojos y entreabre los labios. "No, esto no puede estar pasando" me repito. Porque ahora no estamos en el auto, sino en un amplio jardín, lleno de verde y colores diversos que emergen de aquí y allá. Y los dos estamos de pie, uno frente al otro. Tomo su cara con ambas manos, levanto su rostro e inclino un poco el cuello y tomo conciencia de su respiración, tan, tan cerca. Nuestros labios se encuentran sólo a unos centímetros de distancia, y cuando decido eliminar el espacio que nos separa... despierto y quedo en mi cama, solo. Sin beso, sin respiración y sin ella.

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