4.7.06
Regalo
El era un niño extraño. No porque se estuviera quieto todo el tiempo, ni porque le disgustara ir al dentista (¿a que niño le gusta?), sino porque no le gustaba su cumpleaños. ¿Puedes imaginar a un niño al que no le haga ilusión que llegue el día en que puede añadir formalmente una unidad a su edad actual? Claro, estoy conciente de que lo importante de un cumpleaños no es el sumar uno al número que se tiene en este momento. Lo realmente bello de un cumpleaños es el saber que un día como ese, hace algún tiempo, uno estaba saliendo del vientre de su madre, con esas manos pequeñitas y los ojos hinchados, además del resto de la cara abotagada.
Bien, pues a este niño no le caía nada en gracia el famoso día: trataba de que nadie se enterara de la fecha del acontecimiento, y por lo regular era una ocasión para pasar despotricando y poneniendo mala cara mientras andaba de aquí para allá, llevando a cabo sus tareas designadas (arduo oficio éste de ser niño).
Hasta que llego un año (365 días después de la última fecha de refunfuño) en el que se le apareció un hada vestida de azul y rodeada de una luz tan diáfana que invitaba a sumergirse en ella. Esta hada, acercandose, le dijo: "Mira, te traje un regalo", a la vez que extendía una mano que sujetaba una bolsa de papel del mismo color que su vestido.
El niño tomó la bolsa y abriéndola cautelosamente, miró lo que estaba dentro: una vaca. ¿Te imaginas una vaca guardada dentro de una bolsa de papel? Bueno, pues eso justamente era el regalo: una vaca blanca con manchas negras.
El metió la mano y sacó a la vaca cuidadosamente. ¿Cómo había podido el hada meter una vaca en una bolsa de papel? La respuesta no había que meditarla mucho: ella era un hada, y todos sabemos que las hadas tienen poderes mágicos. Puso la vaca sobre su palma y la miró. La vaca a su vez lo miró a él y dijo "Muuuu", pero el niño estaba tan contento que no la escuchó. El pensó: "debo ponerle un nombre". Como ninguno le parecía apropiado, levantó la cara buscando al hada para preguntarle cómo sería correcto llamarla, pero ella ya se había ido.
Entonces, a falta de una ocurrencia mejor, se encogió de hombros y le dijo "Te llamarás 'Vaca'". Vaca sonrió, el niño sonrió, y juntos se fueron a celebrar un cumpleaños que no fue de malas caras y sí de bellas carcajadas.
Fin
Bien, pues a este niño no le caía nada en gracia el famoso día: trataba de que nadie se enterara de la fecha del acontecimiento, y por lo regular era una ocasión para pasar despotricando y poneniendo mala cara mientras andaba de aquí para allá, llevando a cabo sus tareas designadas (arduo oficio éste de ser niño).
Hasta que llego un año (365 días después de la última fecha de refunfuño) en el que se le apareció un hada vestida de azul y rodeada de una luz tan diáfana que invitaba a sumergirse en ella. Esta hada, acercandose, le dijo: "Mira, te traje un regalo", a la vez que extendía una mano que sujetaba una bolsa de papel del mismo color que su vestido.
El niño tomó la bolsa y abriéndola cautelosamente, miró lo que estaba dentro: una vaca. ¿Te imaginas una vaca guardada dentro de una bolsa de papel? Bueno, pues eso justamente era el regalo: una vaca blanca con manchas negras.
El metió la mano y sacó a la vaca cuidadosamente. ¿Cómo había podido el hada meter una vaca en una bolsa de papel? La respuesta no había que meditarla mucho: ella era un hada, y todos sabemos que las hadas tienen poderes mágicos. Puso la vaca sobre su palma y la miró. La vaca a su vez lo miró a él y dijo "Muuuu", pero el niño estaba tan contento que no la escuchó. El pensó: "debo ponerle un nombre". Como ninguno le parecía apropiado, levantó la cara buscando al hada para preguntarle cómo sería correcto llamarla, pero ella ya se había ido.
Entonces, a falta de una ocurrencia mejor, se encogió de hombros y le dijo "Te llamarás 'Vaca'". Vaca sonrió, el niño sonrió, y juntos se fueron a celebrar un cumpleaños que no fue de malas caras y sí de bellas carcajadas.
Fin