11.9.06
Escenario de un beso
Los besos que saben a "el último" se revisten de magia escarchada con tristeza.
Estaban junto al auto, intercambiando palabras fútiles que no hacían mas que agrandar el dolor de una separación inminente. Cuando los labios fueron incapaces de emitir palabras, se abrazaron. Ella lo apretó fuerte: sintió su calor, la textura de su cabello, la grandeza de su alma; se concentró en percibir su aroma, para grabarlo en su memoria olfativa y poder recurrir a él cuando las cosas fueran mal y necesitara una tabla a la cual asirse para seguir a flote. Pero como todas las cosas buenas, los abrazos terminan. Al momento de separarse, ella vió que la boca de él se movia, y un instante después las palabras hicieron eco en su cabeza: "te puedo besar?" había dicho. Ella no respondió, sólo lo rodeó con sus brazos y dejó que los labios hicieran lo suyo.
Era hora de irse. Subió al auto y bajó el cristal de la ventana. Había que seguir adelante con la vida.
El cielo estaba encapotado desde horas antes. El aire soplaba con fuerza levantando las hojas caídas de los árboles, y el inconfundible "olor a lluvia" comenzó a llenar el ambiente. Cayó una gota, luego dos, luego muchas... el piso se dibujaba con círculos de agua. Él se puso en cuclillas y apoyó los brazos en el borde de la ventanilla. Ella, con desgana dijo: "Nos vemos". Él la miraba a los ojos, y ella trataba de descifrar todo lo que le decía con ellos. Estaba pensando en irse, cuando lo único que quería era quedarse, y obedeciendo a la frase que él siempre le decía ("Haz lo que quieras, pero lo que realmente quieras") se acercó buscando su boca de nuevo. En alguna parte debía estar escrito que este beso fuera lleno de encanto, porque se tornó grandioso: el sentir los labios fundiéndose, las lenguas tocándose, el aire frío que corría, las gotas de lluvia golpeando en su cara, las manos de él en la nuca de ella, jugando con su cabello. La conjunción de sentimientos, sensaciones y elementos de la naturaleza elevaron ese beso a la categoría de irrepetible.
Lentamente volvieron a la realidad, siendo dos personas distintas. A partir de ese momento, el breve episodio en que sus caminos se habían cruzado, terminó. Ella dijo: "hasta luego". Él dijo: "con cuidado". Y encendiendo el auto, se marchó.
Estaban junto al auto, intercambiando palabras fútiles que no hacían mas que agrandar el dolor de una separación inminente. Cuando los labios fueron incapaces de emitir palabras, se abrazaron. Ella lo apretó fuerte: sintió su calor, la textura de su cabello, la grandeza de su alma; se concentró en percibir su aroma, para grabarlo en su memoria olfativa y poder recurrir a él cuando las cosas fueran mal y necesitara una tabla a la cual asirse para seguir a flote. Pero como todas las cosas buenas, los abrazos terminan. Al momento de separarse, ella vió que la boca de él se movia, y un instante después las palabras hicieron eco en su cabeza: "te puedo besar?" había dicho. Ella no respondió, sólo lo rodeó con sus brazos y dejó que los labios hicieran lo suyo.
Era hora de irse. Subió al auto y bajó el cristal de la ventana. Había que seguir adelante con la vida.
El cielo estaba encapotado desde horas antes. El aire soplaba con fuerza levantando las hojas caídas de los árboles, y el inconfundible "olor a lluvia" comenzó a llenar el ambiente. Cayó una gota, luego dos, luego muchas... el piso se dibujaba con círculos de agua. Él se puso en cuclillas y apoyó los brazos en el borde de la ventanilla. Ella, con desgana dijo: "Nos vemos". Él la miraba a los ojos, y ella trataba de descifrar todo lo que le decía con ellos. Estaba pensando en irse, cuando lo único que quería era quedarse, y obedeciendo a la frase que él siempre le decía ("Haz lo que quieras, pero lo que realmente quieras") se acercó buscando su boca de nuevo. En alguna parte debía estar escrito que este beso fuera lleno de encanto, porque se tornó grandioso: el sentir los labios fundiéndose, las lenguas tocándose, el aire frío que corría, las gotas de lluvia golpeando en su cara, las manos de él en la nuca de ella, jugando con su cabello. La conjunción de sentimientos, sensaciones y elementos de la naturaleza elevaron ese beso a la categoría de irrepetible.
Lentamente volvieron a la realidad, siendo dos personas distintas. A partir de ese momento, el breve episodio en que sus caminos se habían cruzado, terminó. Ella dijo: "hasta luego". Él dijo: "con cuidado". Y encendiendo el auto, se marchó.
Comments:
<< Home
Wow!
Por que sera que esos momentos son los que hacen pensar que la "ocupacion" de uno no es estar aqui sentado frente a una computadora?
La forma de percibir una emocion es solo el punto del iceberg cuando esa emocion se desahoga en un pedazo de papel (en este caso, una ventana) y logra introducirse en el sentir de otro no?
Publicar un comentario
Por que sera que esos momentos son los que hacen pensar que la "ocupacion" de uno no es estar aqui sentado frente a una computadora?
La forma de percibir una emocion es solo el punto del iceberg cuando esa emocion se desahoga en un pedazo de papel (en este caso, una ventana) y logra introducirse en el sentir de otro no?
<< Home

