17.10.06
Deducción
Por qué será
que estando
en la calidez de mi cama
extraño terriblemente
la suavidad de sus brazos?
Será acaso
porque que su cuerpo
me transporta a parajes
inusitados,
alcanzados solo a través
de la magia de sus manos?
Quizá se deba
a que su boca
emite fugaces palabras
que provocan
el divagar de mi mente
por dimensiones lejanas.
Pero no;
lo que provoca esta añoranza
sentida, vivida y degustada,
es el enorme deseo de tenerlo con el cuerpo,
así como lo tengo en el alma.